martes, 29 de mayo de 2012

PATRIOTISMO SÍ, NACIONALISMO NO



Autor: Juan Ferrando Badia (q.e.p.d.)

Hay que diferenciar los conceptos de patria y de nación. La nación implica una concepción individualista de la comunidad al considerarla como un todo cerrado de la misma manera que la democracia política liberal se asienta sobre el concepto de individuo, es decir; en una consideración del ser humano encerrado en su aislamiento. El individualismo implica la exclusión de grupos sociales intermedios. De ahí el Estado unitario centralizado. El nacionalismo se fundamenta filosóficamente en el individualismo, mientras que el patriotismo se asienta sobre una concepción personalista del hombre y de la sociedad.
De la patria, parte de un todo universal, se pasó, en el siglo XVIII en Europa, -de manos de la burguesía liberal, y de su filosofía individualista- a la nación soberana como unidad cerrada.
El patriotismo es un sentimiento natural, evidentemente anterior a la Revolución Francesa. El nacionalismo será una desviación y exacerbación del patriotismo. La Nación y las ideologías nacionalistas -como subraya Duverger- tomaron cuerpo a partir de la Revolución Francesa. Se inventó el eslogan de "¡Viva la Nación!" para oponerse a aquel otro de "¡Viva el Rey!". El liberalismo político, el romanticismo y las invasiones napoleónicas fueron, en Europa, los factores que motivaron el nacimiento de las naciones y el principio de las nacionalidades: cada comunidad nacional ha de autogobernarse, ha de tener su propio Estado.
La comunidad nacional implicará, pues, una comunión en un sistema de valores y una voluntad de vida política en común con vocación de independencia política frente a un "enemigo hereditario", que puede ser otra nación, raza, religión, etc.
Los constituyentes españoles de la Constitución del 29 de diciembre de 1978, en un alarde más de su confusionismo intelectual, incurrieron en el error de equiparar nación y patria. Y, así, en el artículo segundo de la citada Constitución se dice: "La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles y reconoce el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas".
La otra razón por la que negamos la equiparación de nación y patria radica en que la Nación es por esencia y definición, soberana, es decir; titular de un "poder absoluto e ilimitado" (Bodino). La soberanía nacional frente al Soberano-Rey será la última razón de ser de la Revolución burguesa de 1789. En la Edad Media, por el contrario, el titular de poder era única y exclusivamente el Rex y no el Regnum (=concepción patrimonial del Regnum). En la Edad Media, había patria, pero no existía, no podía existir, la nación, en su acepción moderna.
Hemos de afirmar con pleno conocimiento de causa, que los nacionalismos son provocados, en buena medida, por la existencia de fronteras que han dividido -y continúan dividiendo- el mundo. Los nacionalismos separan mientras que "las patrias" unen. Hemos de defender el sentimiento patriótico frente al sentimiento nacionalista, entre otras razones porque todo tipo de nacionalismos -salvo los que buscan la ruptura de las cadenas colonialistas- son siempre producto del capitalismo, del fascismo, del nazismo, etc.
Superar los nacionalismos, suprimir las fronteras y ampliar el sentido de "patria" a toda la tierra es un hermoso ideal digno de ejercitarse.

No hay comentarios: